La muerte de don Augusto Ledesma, el poderoso dueño de la estancia más grande de Santa Victoria, y quien secretamente maneja el negocio del juego y las apuestas en la zona, desata una feroz pelea por su herencia. Lautaro Ledesma, el hijo de Augusto, regresará del exterior para intentar impedir que su padre, víctima de una enfermedad terminal, contraiga segundas nupcias con Morena, una mujer mucho más joven que él.
Cegado por el odio y el resentimiento, Lautaro no está dispuesto a compartir la herencia con esa mujer, que en el pasado fuera su novia y le rompiera el corazón al abandonarlo por su propio padre. Esa mujer que se atreviera a darle una hermana, muchos años menor. Decidido a impedir la boda, volverá a Santa Victoria después de muchos años, acompañado de su actual y bella novia, Verónica Cabañas, una exitosa modelo.
Y una vez allí, ya nada será igual. Porque conocerán a Pedro Sosa, un empleado querido por don Augusto, a quien criara como si fuera su hijo. Verónica y Pedro se verán envueltos en una relación que no tardará en convertirse en una historia de amor. También es el reinicio de la rivalidad entre Pedro y Lautaro, una rivalidad que no tardará en fortalecerse cuando el destino de la herencia los ubique en veredas opuestas. Augusto tratará de forzarlos a relacionarse entre sí. Dejará sus bienes en manos de dos mujeres: Dora, su cocinera, y Tere, su amante, la que maneja el casino ilegal y el prostíbulo del pueblo, la que le diera un hijo que él no se animó a criar. Tere cree que ese hijo nació muerto.
Lautaro y Morena no van a aceptar los mandatos de Augusto ni a compartir la herencia. Intentarán sacar a Dora y a Pedro del medio para quedarse con la mayor parte, mientras tanto, Pedro irá descubriendo los manejos sucios, los secretos, los crímenes y la corrupción que reinan en el pueblo. El amor que siente por Verónica lo ayudará a luchar contra los prejuicios y los rencores, un amor de esos que merecen que su historia se empiece a contar.